
Sobre la escultura "El Mar" de Julio Rosado del Valle
¿Cómo desaparecieron las tetas de Cayey?
Si bien es cierto que el arte, en todos sus aspectos y vertientes, es una actividad básica necesaria e importante para el ser humano, es igualmente cierta la función de la crítica para validar y afirmar ese mismo arte. Tal ejercicio intelectual, por lo tanto, pasa a tener una importancia igual al objeto artístico. Ambas actividades necesariamente coexisten y se retroalimentan, teniendo en común al sujeto y objeto del mismo arte. Siendo así, los críticos, artistas, productores y analistas ejercen papeles parecidos. Dentro del arte contemporáneo, esas actividades se confunden y muchas veces residen en una misma mirada. El artista pasa a ser crítico de su obra en una constante búsqueda del sentido del arte que, en cuanto lenguaje, se transforma constantemente, en un eterno acecho de lo imposible, de la transformación, de la trascendencia.
Da igual si el objeto de arte en cuestión es una obra de Don Julio Rosado del Valle, de 82 años de edad, artista que nos afirma y nos ha afirmado como seres humanos en casi medio siglo de producción, ya que el arte contemporáneo muy poco tiene que ver con la edad del artista. Su obra sigue siendo hasta más joven que muchos artistas emergentes que creen que con utilizar una computadora y proyectar imágenes "raras" en una pantalla o en cualquier otra superficie están haciendo un arte más "contemporáneo" que el de Don Julio. Al final, ¿Qué significa ser contemporáneo en el arte?
La respuesta a esta pregunta no debe fijarse en la forma, ni en la “actitud”, no se trata de utilizar medios novedosos, se trata de cómo se maneja el lenguaje y cuál es el contenido, cuánta la profundidad en lo planteado, en qué contexto es pertinente. Aquello que los alemanes llaman Zeitgeist aplica perfectamente al mirar la producción de este artista: en ela reside el espíritu que navega a través de épocas sin nunca dejar de ser actual, poderoso y pertinente.
Empiezo mi ensayo citando la obra pictórica de Don Julio, cuya producción (especialmente entre los años 60 y 90), es poseedora de un lenguaje maduro y un constante diálogo con la abstracción. Cabe señalar que Julio Rosado del Valle es uno de los precursores de la pintura abstracta en Puerto Rico. También vale resaltar que Don Julio es de los pocos artistas puertorriqueños que verdaderamente entablan un dialogo de igual nivel con otros grandes pintores abstractos en el continente americano. Su obra pictórica pertenece a la misma cepa de Philip Guston, Ibere Camargo, Jorge Guinle, Torres Garcia, Lucio Fontana, para citar a algunos. Además, es considerado uno de los pintores más importantes de toda la historia del arte puertorriqueño.
Julio Rosado del Valle es conocido internacionalmente por su pintura, medio para el cual logra alcanzar niveles de fuerza expresiva pocas veces vistas anteriormente en el país y fue innovador en el uso del espacio pictórico. Sus colores marcados y "sucios" de contrastes fuertes y mezclados en la misma tela aluden a una posibilidad de figuración, aunque nunca se concretiza totalmente. Existe una referencia al expresionismo abstracto y al arte concreto, pero logra la sensación de atemporalidad al mezclar dichas referencias con las suyas propias, su vida misma, tormentosa. Don Julio es de esos pintores que tiene un entendimiento del medio y del lenguaje desde la epidermis, de adentro hacia fuera. Él vive la pintura como los grandes pintores románticos del siglo XIX.
Para empezar a analizar la pieza escultórica de Don Julio cuya exposición se está inaugurando en el campus universitario del Recinto de Cayey de la Universidad de Puerto Rico, hay que, primeramente, ubicarla en su contexto. Es una pieza que reproduce una cabeza de coral de arrecifes existentes en las costas de Puerto Rico y que están en constante peligro de extinción a causa de la contaminación e interferencia humana. Por lo tanto, posee una temática ecológica. Fue fabricada utilizando como base un material sintético, el styrofoam cubierto con cemento, resina y pigmento, imitando un acabado de bronce de las esculturas tradicionales (patinado). Su manufactura se centró en dar forma al gran bloque de styrofoam utilizando cortadoras, lijadoras y pulidoras. Fue parte del Simposio de Escultura patrocinado por Administración Central de la UPR en conmemoración a los 100 años de la Universidad de Puerto Rico y costó (oficialmente) 80 mil dólares a la Universidad. Está ubicada en Cayey dentro del campus universitario frente al Centro de Estudiantes.
Sabiendo de la importancia histórica de su pintura es, al menos decepcionante, que la Universidad hubiese optado por gastar 80 mil dólares en una escultura, medio para el cual tenía muy poca experiencia a pesar de su larga vida y carrera artística.
No es mi intención reprimir el deseo de un artista tan grande como él de experimentar con lo que le plazca. Inclusive me alienta como artista saber que como él pueda seguir explorando nuevos horizontes en la plástica toda la vida. Lo que no me hace sentido es el hecho de que por seguir una agenda impuesta por el Simposio de Escultura, la comunidad de Cayey desperdicie una gran oportunidad de convivir para siempre con una obra de gran valor de un gran artista en un medio que lo ha caracterizado como tal, o sea, la pintura.
No perdamos de vista que dicha actividad tiene como propósito conmemorar los 100 años de la Universidad de Puerto Rico y aunque se trate de un Simposio de Escultura, pudo haberse concebido de modo más actual y a la par con proyectos de arte público alrededor del mundo donde se presupone que la escultura dialoga con otros medios. El arte contemporáneo se caracteriza por la multiplicidad de medios y enfoques e inclusive, por la interdisciplinariedad en el arte. Un ejemplo cercano a eso es la Bienal de Gabado de San Juan que se vió obligada a abrir un abanico de posibilidades conceptuales alrededor del grabado, aceptando la intervención de otros medios como la fotografía, lo digital, el vídeo, la pintura y la instalación para poder seguir existiendo en un panorama artístico más contemporáneo.
En contrapartida, la escultura de Don Julio Rosado del Valle nada en un mar de contradicciones, tiene problemas conceptuales serios y carece de un mínimo de fuerza. No fue concebida o planificada para el espacio en el cuál está ubicada y no dialoga con el “paisaje” cayeyano o con las características de Cayey en cuanto pueblo, ni con su historia. No dialoga semióticamente hablando o desde un punto de vista simplemente sensorial. ¡Fue impuesta! en todos los sentidos de la palabra, sin que hubiese una verdadera intención artística en la acción de imponerse.
Quisiera mencionar brevemente algunas contradicciones que aquella escultura plantea, empezando por la dicotomía entre la temática y el uso del material. En el arte, el material empleado dialoga con la obra y debe ser pensado en función de un acoplamento perfecto entre forma y contenido. Eso es lo básico, sin mencionar la historicidad de cada material, su valor social y su representatividad en cuanto a la tradición y empleabilidad en la economia local, entre muchos otros factores que pueden ser determinantes para la lectura de la obra.
No se debe empezar un discurso ecologista empleando materiales que contaminan el medio ambiente. El material conocido como styrofoam está compuesto principalmente por estireno y hidrocarburo líquido, sustancias que afectan la capa de ozono. El proceso de fabricación industrial del styrofoam es uno de los más contaminantes que existen en la actualidad.
El procedimiento técnico de la escultura también contradice la forma y temática de la obra. Consistió en lijar y pulir la superfície del foam, proceso que desprende millones de partículas milimétricas al aire y a la tierra. La escultura fue sometida a ese proceso durante cuatro meses. Pese a que se trató de fabricar una caseta alrededor de la obra, no fue suficiente protección. A los dos meses la caseta tenia más huecos que un queso suizo. Entonces, estamos planteando un postulado ecologista a favor de los arrecifes de coral y a la misma vez estamos colaborando con la destrucción de la capa de ozono. ¿Quiénes van a defender la capa de ozono, otro escultor que destruya los arrecifes de coral?
Si cada vez es más importante para el arte el considerar la historicidad del material empleado, se hace imprecindible a la mirada del observador el conocer los materiales y técnicas empleadas en cada obra. Por tal razón, se dice que los materiales “hablan”, dialogan con el concepto del artista y son pistas para el receptor en un juego de interpretaciones y significados.
También es sabido que las connotaciones y denotaciones en el uso del material colaboran o forman parte del concepto propuesto por el artista. Por ejemplo, Richard Serra, escultor americano, utiliza el acero en sus esculturas minimalistas. Lo utiliza de dos maneras: primero por el material mismo, sus características de durabilidad, color, elasticidad, donde las formas son limitadas por esas mismas características. Luego por ser un material industrial, que pasa a ser símbolo de la economía norte-americana en un determinado momento. Así, dialoga con los postulados “fríos y distantes” del movimiento minimalista. Sin embargo, las marcas estampadas en esas grandes planchas de acero al natural (corten steel) se transforman con el pasar del tiempo, forman óxidos en la presencia del oxígeno, y sorprende a la primera mirada “fría y distante” con una escritura cambiante formada a consecuencia del tiempo en la superfície de la plancha de acero.
Por otro lado, Jeff Koons emplea en algunas esculturas el acero inoxidable (stainless steel) aludiendo, contrario a Serra, a la sofisticación de la industria y a la sensación de eternidad y limpieza que caracteriza ese material. Sus figuras neo-pop de muñecas y juguetes contrastan drásticamente el material con el contenido de la obra. No tendría ningún sentido la obra de Damien Hirst si no supiéramos que él utilizó vacas y tiburones reales cortados a la mitad con una precisión laser para luego congelarlos y encierrarlos en una caja de cristal. Tampoco haría sentido para Joseph Beuys haber utilizado otro material que no fuera el fieltro y la grasa animal en sus esculturas e instalaciones siendo esos materiales poseedores de un significado de supervivencia en tierras nórdicas, además de haber utilizado esos materiales para sobrevivir luego de que hubiera derrumbado su avión durante la Segunda Guerra Mundial. Si Duchamp hubiese reproducido el famoso urinal de cerámica por su propias manos no haría ningún sentido sus planteamientos en torno a la originalidad. Era necesario para el Ready-made que el objeto de arte saliese de la fabricación industrial. Por otro lado, Jasper Johns hace un comentario a partir de Duchamp y anticipa el pop art al reproducir identicamente unas latitas de Ballantine utilizando el bronce, material con connotaciones tradicionalistas para la escultura.
Entre contradicciones creativas y administrativas, la comunidad cayeyana mira hacia el cielo y se pregunta: ¿Cómo desaparecieron las tetas de Cayey?
Fernando Paes